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Indignada de nuevo estoy con la falta de imaginación de guionistas y por la presión de las productoras hollywoodienses que parece ser que se olvidaron de lo que era hacer buen cine y serían capaces de vender su alma para ganar dinero a costa de malos actores y sinopsis ridículas con finales ñoños y tristemente previsibles.

Es el caso de ‘Con derecho a Roce’, la última película en donde aparece el se-me-hace-ya-pesadísimo Justin Timberlake, y mira que me caía bien el chico y su faceta de showman polifacético era interesante, pero se podría decir que ahora es uno de esos famosos a los que más odio.

En fin…

Le película explica lo que ya nos contaban otros títulos recientes como ‘Amor y otras drogas’ o ‘Sin compromiso’ (en donde curiosamente la protagonista es Natalie Portman, la compañera de reparto de Mila Kunis en ‘Cisne Negro’); es decir: chico y chica son amigos, chico y chica se gustan pero no quieren relaciones serias, chico y chica hacen el pacto de tener ‘roce’ sin compromiso, problema entre chico y chica: resulta que se enamoran; problema solucionado (después de la aceptación de sus mutuos sentimientos): chico y chica comen perdices.

No sé a que viene esta tendencia de género fílmico edulcorado que se supone refleja nuestra sociedad: que si síndrome de Peter Pan, que si independencia de la mujer, que si sexo sin compromiso… películas que venden humo y que vamos en masa a ver al cine, deseando ser el guaperas o la tontita de turno. Pero hay una base moral en todo esto: siempre triunfa el amor! ¬¬

Creo que prefiero ir a ver películas de adolescentes que al menos son amorosamente empalagosas.

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