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Esta es una de aquellas películas que pasó por la sección oficial del festival de Cannes del año pasado; venía desde Japón de manos del director Hirokazu Kore-eda , que a su vez se inspiraba en los cómics de Yoshiie Gouda.

El film nos cuenta la vida de una muñeca hinchable de tamaño natural que vive con su “amo”, un hombre de mediana edad, que mantiene conversaciones con ella, la vista, la baña y le hace el amor cada noche. Pero un día, la fantasía se hace realidad y la muñeca cosigue un alma y se “infla” de vida.

Ella, a sabiendas de su condición – “soy una sustituta para satisfacer deseos sexuales” – decide vagar por las calles de Tokio en busca de respuestas “humanas” a sus dudas existenciales, deseando saber que se siente al tener vida o conocer el concepto de muerte; por el que se siente igualmente fascinada.

En su viaje conocerá a diferentes personas, en su mayoría solitarias, que le harán llegar a sus propias (tristes) conclusiones sobre la condición de ser humano. Sentirá también el amor al conocer a Junichi, el vendedor de un videoclub con el que entablará una relación.

Todo parece ir bastante bien, hasta el momento en que accidentalmente la muñeca-humana se hace un corte en una mano y comienza a desinflarse delante de su amado.

Lo mejor: el curioso argumento extrapolable al 100% en nuestra vida cotidiana.
Lo peor: El ritmo es algo lento. Sin embargo elude escenas necesarias para conocer el desarrollo de la acción.
La secuencia: los primeros 10 minutos de película en los que se ve la relación entre la muñeca y su amo.
El momento: el renacer de la muñeca.
El detalle: los guiños a otras películas durante todo el film.
El plano: La muñeca ‘escondiéndose de su sombra’.
La frase: ‘La vida es soledad que solo con otro se puede satisfacer’.

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