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UNA TRAGICOMEDIA DISFRAZADA DE COMEDIA

Menos mal que no me fío de los tráilers. Y si tú lo haces, te aconsejo ir cambiando el chip. El marketing puede llegar a ser muy engañoso y aunque estemos acostumbrados a un Jim Carrey divertido y alocado, no por ello la película debe ser así. Este es el caso de ¡Phillip Morris, ¡te quiero!.

Steven Russel (Carrey) es el marido perfecto, el padre perfecto y el vecino perfecto… excepto porque su vida es una mentira. Un accidente le hace dar un vuelco de 180º y proclamar a los cuatro vientos que es gay. De este modo, cambia de trabajo, ciudad y pareja; pero se da cuenta de algo: “la vida de gay” es muy cara y necesita más dinero para poder costeársela; algo que hará que termine en la cárcel. Y es allí donde conocerá al famoso hombre que da título a la película: Phillip Morris (McGregor), un tierno y tímido chico de ojos azules.

Nos hicieron creer que este film llegaba tarde  a nuestras pantallas por la temática homosexual, pero yo considero que esto se debe a la difícil categorización de género de la misma. En ocasiones es difícil de seguir, con un argumento que empieza a desarrollarse casi a los 40 minutos de metraje; una  voz en off que en este caso si está justificada y unas situaciones algo estrambóticas más propias de la ciencia ficción. Cuando ves esta peli no sabes si reír o llorar. Creo que tiene todos los alicientes para convertirse en una cult movie, de esas que pasan sin pena ni gloria pero que con el tiempo serán recordadas.

Lo mejor: Sin duda Ewan McGregor.
Lo peor: la introducción de la historia, larga e inncesaria.
La secuencia: el cambio radical de Steven al salir del armario y las imágenes de su nueva vida.
El momento: Phillip atravesando el patio de la cárcel para despedirse de Steven.
El plano: El inesperado accidente de Steven.
La frase: ‘A veces tienes que limar un poco la pieza del puzzle para que encaje’.

 

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