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UNA MADRUGADA MÁGICA

La premisa con la que empieza esta nueva comedia del director estadounidense es la de un (casi) matrimonio americano en la ciudad del amor, París. Él, un guionista de cine con ansias de escritor y enamorado de lo que él considera la época dorada del arte, los años 20. Ella, una chica bastante más práctica y materialista que odia y se “burla” de los aspectos más románticos de la ciudad. Por si fuera poco, allí se encuentran los suegros de Gill (Owen Willson) que adoran a su hija Inés (Rachel McAdams) y lo consideran insuficiente para ella.

En una noche cualquiera, Gil, borracho, se pierde por las calles parisinas y misteriosamente se ve trasladado al París de los años 20, conociendo de esta manera a las figuras más representativas del arte de la época: escritores, pintores, músicos… (No diré nombres por no estropear la sorpresa). Gil, repetirá la experiencia noche tras noche en un intento de buscarse a si mismo y huir de un tiempo en el que se considera incomprendido.

El film derrocha un humor negro a raudales con innumerables referencias al arte contemporáneo. Además está bastante bien caracterizado, con un atrezzo escogido con gran acierto.

Allen callejea  por París, descubriendo espacios escondidos y no solo mostrándote lo típico de la ciudad; es decir, no cae en el error de crear un spot publicitario (algo que sí hizo en Vicky Cristina Barcelona). En cuanto a los actores, esta es la primera vez que McAdams (El diario de Noa; Más allá del tiempo) se pone a las órdenes de Allen y difiere en papeles anteriores (aparte de en su pelo superrubio) en que en esta ocasión no es un personaje “amigable”, sino que más bien, despierta en el espectador incluso un sentimiento de odio. Por su parte, Owen Willson no acaba de desagradarme en este film, donde interpreta al personaje que normalmente suele tener Woody Allen: un romántico dicharachero, algo neurótico y que parece no encajar con su tiempo. La secundaria, Marion Cotillard llega a enamorar en el rol de francesita seductora.

Lo mejor: La magia que consigue transmitir Allen de la ciudad parisina.
Lo peor: Un guión inconcluso.
La secuencia: Paul dándoselas de entendido en una exposición de arte y la situación cómica posterior.
El momento: La reflexión de Hemingway sobre el verdadero amor.
El plano: El cuadro recién pintado de Picasso.
La frase: ‘Estás enamorado de una fantasía’.

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